Una antigua iglesia de Llanera, Asturias, se convirtió en 2015 en la meca de los amantes de la cultura y el arte del skate gracias a la intervención artística de Okuda San Miguel. Titulado “Templo de Kaos”, el artista cántabro ha querido preservar el sentido de espiritualidad del edificio mientras creaba un mundo lleno de vida, color y felicidad. Inspirada en su “Estrella de Kaos”, esta obra mágica y seductora representa una expresión creativa de vitalidad cultural para promover nuevos espacios artísticos.
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La historia de esta Iglesia convertida en un parque de Skate es un largo y apasionante relato.
La iglesia, conocida inicialmente como De Santa Barbara fue construida como capilla en el año 1912 en el pueblecito de Llanera, en Asturias, para uso de los trabajadores de la empresa explosivos Santa Bárbara (más tarde incluida en la empresa estatal Unión Española de Explosivos). Era por tanto una propiedad privada, y no del obispado. Junto a ella estaban las casas de los trabajadores, el economato, las escuelas…
En la fábrica de explosivos hubo en su día un terrible accidente donde fallecieron numerosos trabajadores, y durante la guerra civil su campanario fue convertido en puesto de francotiradores lo que la convirtió en un lugar maldito. La fábrica de explosivos cerró tras la guerra civil y las personas que vivían y trabajaban en ella tuvieron que emigrar a otras zonas.
En los años 60 se derribó por completo todo el complejo, salvo la iglesia, que permaneció en pie, ubicándose allí el polígono industrial Asipo, que permanece en la actualidad.
La iglesia quedó vacía y abandonada, y en aquella época numerosas leyendas y misterios rodearon la actividad de los guardas de seguridad del polígono, hasta el punto de protagonizar en 2010 un programa de televisión muy popular sobre fenómenos paranormales, donde se realizó un reportaje y entrevista a un vigilante nocturno que afirma que presenció una década antes extraños sucesos ocurridos en la capilla de la zona, sucesos imposibles de explicar en aquel momento.
En el año 2007 la empresa familiar de Ernesto Fernández Rey (conocido como Jernest en el mundillo Skate), fundador y “alma mater” del proyecto, adquirió la iglesia-capilla con la intención de crear en su interior un espacio de oficinas multi-servicios anexo al polígono y al cercano Parque Tecnológico de Asturias.
Pero la crisis económica de la época (una más) hizo inviable el proyecto, y Jernest vio la oportunidad de destinar el espacio a una de sus pasiones: el Skate. Junto con un buen grupo de amigos fundaron el colectivo Church Brigade y comenzaron a instalar pequeñas rampas de Skate de manera artesana.
La primera de ellas, según contaba el propio Jernest en una entrevista a Javier Pozo en la revista internacional VICE en marzo de 2014, fue una rampa que tenía el amigo Fatius montada en su tienda de Mieres y la montaron en el interior de la iglesia en el año 2012. Luego “poco a poco, juntándonos y poniendo un eurillo al día” fueron comprando más material.
Todo se hizo sin apoyo institucional. De hecho tenían bastante presión por parte del personal de seguridad del polígono, que les impedía hacer eventos y producciones importantes. De vez en cuando hacían alguna pequeña fiesta, alguna barbacoa, pero poco más. También minicampeonatos de Skate involucrando a tiendas de la zona que aportaban el material.
En realidad la iglesia no era más que un sitio para patinar a cubierto, sin mojarse. Pero no cabe duda de que era y es un lugar especial. Por su arquitectura y sus reminiscencias religiosas, y por ser, probablemente, la única iglesia en el mundo reconvertida en pista de Skate.
Poco a poco fueron creando además un espacio en el que el techo abovedado dialogaba a la perfección con la curvatura de las pistas de patinaje, creando un lugar mágico y una composición arquitectónica única.
Es un lugar muy singular, y siempre tuvieron en mente la posibilidad de que pudiese atraer la atención de marcas y patrocinadores, pero desde el inicio fue un proyecto muy modesto que fue construyéndose poco a poco con el esfuerzo de un grupo de amigos.
Siempre les hubiera gustado que fuese un proyecto más popular, pues eso hubiese dado mayores posibilidades de captación ed fondos para su mejora y mantenimiento.
Cuando Javier Pozo le preguntó a Jernest sobre la maldición de la Iglesia, este contestó, divertido, comentando que lo de creer o no creer en esas cosas era cuestión de cada uno. Que él personalmente no había visto nunca nada raro allí.
En 2014 el artista urbano cántabro Okuda San Miguel, que cuenta con obra a lo largo y ancho de todo el mundo, descubre el lugar en las redes sociales y se interesa por él. Contacta con un amigo y en cuanto tiene oportunidad queda con Church Brigade para conocer el sitio.
Se enamora al momento de aquel espacio, y decide proponerles decorarlo totalmente por el interior. Le gustaría convertirlo en su particular “Capilla Sixtina” afrontando uno de los desafíos más clásicos en el mundo del arte al que antes se enfrentaron los más grandes creadores, desde Miguel Ángel hasta Oteiza o Barceló: pintar una iglesia.
Buscan la manera de financiarlo y deciden dar un salto en la idea de proyectar al mundo aquel pequeño “club” de skaters, contactando, ahora sí, con firmas importantes para buscar financiación. Okuda no quería buscar cualquier marca, y tras comentarlo con los verdaderos motores del Skate-park deciden proponerle la idea a Red Bull, que se vuelca en la iniciativa.
Además del apoyo de la marca, también ponen en marcha un crofounding en Vermaki que completa las necesidades del proyecto y permite dotarle de una dimensión social y universal.
Okuda y su equipo trabajan en 2015 durante 7 días una media de 12 horas al día para completar todos los rincones del edificio, ahora desacralizado, y convertirlo en un templo dedicado al arte y al deporte urbano.
Los vivos colores característicos de su obra cubren muchos metros cuadrados de superficie, ofreciendo infinidad de detalles en un ejercicio expresivo de gran complejidad y desarrollo. Cada esquina, cada paño del templo contiene una reflexión del artista.
Una obra que se mueve en la permanente contradicción y el equilibrio entre naturaleza y especie humana, donde cada cual puede encontrar sus propios significados. Su característica fusión entre geometría y formas orgánicas genera un lugar aún más especial.
En el apartado de videos (al final del artículo) puedes ver una interesante entrevista con el artista cuando realizó el proyecto. La entrevista fue grabada por restosdecultura.com y está alojada en YouTube.
El edificio religioso se ha cubierto con una explosión de color y formas que refuerzan el carácter rompedor de la idea. Para el artista era una obra especial, pues además de resultar un reto poco convencional, se encuentra a escasamente una hora de la tierra donde nació y eso es aún más relevante teniendo en cuenta que la mayor parte de sus grandes proyectos están fuera de su país.
El estilo de Okuda recuerda en cierto modo las vidrieras de las iglesias, trasladándolos fuera de las cristaleras para expandirlos por el conjunto de las paredes del edificio. Para él el contraste entre la pintura urbana colorista y la arquitectura clásica y cruda de la piedra ha resultado muy emocionante.
“He tratado con mucho respeto el lugar y todo está hecho de corazón. No creo que sea una falta de consideración hacia los creyentes, porque no tiene ningún componente ofensivo para la religión”, afirma Okuda, el autor en una entrevista con “El País” en 2017
El proyecto de la intervención del artista urbano cántabro se denominó “Kaos Temple”, en referencia a la su particular rosa de los vientos o “Estrella del Kaos”, habitual ya en muchas obras de Okuda. Algunas de las figuras del interno clavan sus azules ojos en nuestra mirada.
La iglesia sigue manteniendo en el exterior su aspecto inicial, pero su interior es fantástico para practicar el Skate, hacer fotos o simplemente disfrutar detenidamente del arte contemporáneo.
Tras la realización de la obra por parte e Okuda, se realizó una sesión de Skate con el skater Danny Leon de la cuál puedes ver un breve videoclip en su página de Facebook, pinchando aquí.
Unos meses después de finalizar la intervención de Okuda y dotar al espacio de una nueva proyección y alcance internacional, convirtiéndolo en un ligar de peregrinación para los amantes de las culturas urbanas, Jernest, el principal impulsor de la idea, falleció repentinamente a los 36 años, dejando un enorme vacío a su alrededor.
En la actualidad el espacio se abre solo de manera puntual, en los meses de invierno los domingos de 14:00 a 17:00 horas. Es probable que en los meses de verano se abra más días a la semana.
Si quieres conocer este lugar en otro horario, deberás llamar por teléfono al número que aparece al final del artículo. No hay otro modo de poder acceder a él, pues no tiene un horario fijo ni establecido. La entrada para visitarla cuesta 5€ en forma de donativo para colaborar en el mantenimiento de la Iglesia, y si deseas que te ofrezcan una visita guiada el coste será de 9€.
El espacio continúa siendo un lugar mágico y único que merece la pena visitar, aunque para ello deberás preparar con mimo y antelación la visita si deseas garantizar que vas a poder entrar y disfrutar de esta maravilla artística y conceptual.
Información sobre el artista:



Fotografias: Okudasanmiguel.com